El problema de una empresa joven no es que sea pequeña. Es que el método de evaluación estándar del sector está construido sobre documentos que ella todavía no puede tener: cuentas anuales depositadas, dos ejercicios cerrados, un historial de cumplimiento.
Cuando un proveedor pide esos papeles y tú no los tienes, no estás siendo rechazado por tu solvencia. Estás siendo rechazado por tu antigüedad.
Lo que sí puedes aportar
Escritura de constitución y CIF. Acredita que la sociedad existe, quién la administra y cuál es su objeto social.
Modelo 036 o 037 de alta. Confirma el alta censal y las obligaciones fiscales asumidas.
Extractos bancarios de la sociedad desde su apertura. Este es el documento decisivo. Un extracto de tres meses con entradas recurrentes dice más sobre tu capacidad de pagar una cuota que unas cuentas de hace dos ejercicios.
Justificación del origen de los ingresos previstos. Contratos firmados, pedidos en firme, acuerdos marco. Cualquier documento que convierta una previsión en un compromiso de un tercero.
Lo que no deberías tener que aportar
Aval personal del administrador sobre su patrimonio, si la operación se sostiene por sí sola. Un aval convierte una operación de empresa en una operación personal, y eso tiene consecuencias que van mucho más allá del coche.
Cómo lo evaluamos nosotros
Nuestro criterio de admisión es la liquidez y el flujo de caja actual, no el historial pasado. Para una empresa de nueva creación eso significa que miramos el movimiento real de la cuenta y la solidez de los ingresos comprometidos, no cuántos ejercicios lleva cerrados.
La garantía es una fianza devolutiva y la domiciliación SEPA. No pedimos nóminas ni aval bancario.
Lo que esto significa para ti
Si tu sociedad tiene menos de dos años y factura de verdad, tienes un caso. Prepara los extractos antes de pedir presupuesto: es el documento que decide y el que casi nadie lleva a la primera reunión.